Contra los hijos. Lina Meruande

Andaba yo por Malasaña disfrutando un regalo que me hicieron para el día de la madre, el mejor e inmejorable “una hora para mi sola disfrutando de un masaje”. La madre que me parió que es una genia absoluta y sin leerme siquiera sabe perfectamente lo que necesito. I love you mum.

Caminando de vuelta al metro me encuentro una de esas librerías que te “chupan” hacia su interior casi mágicamente, como arquitecta es difícil de expresar el que tienen algunos sitios que te abducen, en este caso fue la luz.Una luz desde el fondo, desde el final, desde el patio con  una niña y un perro que iluminaba la estantería de libros, y un rayito especial de esos que solo vemos las que queremos ver hacia los libros del nuevo paradigma feminista. Y me pido de regalo un libro pequeñito pero peleón.

He de decir, que me gusto de primeras la portada, una mujer dentro de un biberón dándose “leches” contra él, lo triza desde dentro, quizás quiere escapar de él. Quizás se está dando cuenta que la leche le llega  las rodillas y esto hará tambalear todo el biberón que la contiene. Lo de nunca compres un libro por su portada no va conmigo y nunca me ha decepcionado.

Lina Meruante, escritora chilena (me gusta aún más, solo tiene 10 años mas que yo y vive en Berlín, me parece me puede contar cosas que quiero escuchar) Título “Contra los hijos” microinfarto en mi corazoncito de madre.

Comienzo leyendo y una sucesión de microinfartos no me abandona hasta el final, en donde con luces y sombras, verdades y no tanto me deja un extremado buen sabor de boca. Aunque muchas veces haya que tenido que apretar la nariz.

Literatura feminista ya se sabe, o se va a capón o no se va y esto se lleva a rajatabla en este libro de los 7 capítulos debo decir que estoy 100% de acuerdo en un 80% (cosa que me deja tranquila y mi mujer-madre se vanagloria) Hay capítulos en donde no es que no este de acuerdo, sino que está diametralmente opuesto a lo que vivo en mi día a día, y veo en otras mujeres y en otras madres.

No voy ha escribir sobre los temas en los cuales estoy de acuerdo, en la visión de las mujer como máquinas de hacer hijos, en como la guillotina ha sido la mejor solución para revolucionarias en serio, de como el ángel maldito y asqueroso nos revolotea desde que nacemos, ni de como esta sociedad nos necesita calladas, pariendo para que el sistema subsista, ni de otras cuestiones que si les interesa compren el libro que vale la módica sumade 8€ pero salir del limbo-maternal-feminista no tiene precio.

Esta mujer-sin-hijos se pregunta: “-En que momento se nos perdió la mamadera? (biberón en buen español de España)  ¿Que fue del prestigio del relleno que complementaba, o reemplazaba, la función del pecho para darles respiro a las madres?

Puedo entender estas palabras solo si enarbolamos al biberón como clave en las luchas feministas de los años 60. Pero me atrevo a decir que estas palabras solo pueden salir de una mujer-sin-hijos que no tiene ni puta idea de lo que es alimentar a un bebé. Porque entonces yo me pregunto ¿No están cansadas las madres de biberón? ¿Tienen un tiempo para respirar y no ser parte de la supuesta “Servidumbre agotadora“?

La respuesta la se, las madres de biberón se cansan, porque ofrecer “la fórmula láctea de la liberación” es igual o tan cansado que dar la teta.

No es la teta, no.

Unas páginas mas tarde, alude a unos “estudios serios” que no han podido demostrar que  mas que la leche materna aporta solo anticuerpos protegiéndolo de la indigestión. “Ergo, que no esta justificada la extensión de la lactancia.”

No puedo ni pienso rebatir tal estupidez (leer esto dedicado a quien le interese saber sobre lactancia materna), pero si voy a romper una y mil lanzas por la lactancia materna.

Porque, no es la teta, no.

Es la escasa o nula ayuda de los compañeros mientras amamantamos, es la incultura de dar el pecho que tantos problemas trae a las madres primerizas gracias a que en los primeros años del feminismo se erradicara esta practica que nos ha mantenido vivos y alimentados como especie, es porque las bajas maternales son extremadamente cortas y lo que restringe el regreso de las mujeres al trabajo es su propio deseo de no hacerlo. No he conocido madre y en el grupo de lactancia donde ayudo muy activamente vemos a muchas, ninguna he conocido que haya culpado a la teta por reincorporarse, he visto llorar a madres por la separación, porque señora mía no somos solo las madres maquinas de procrear, sino maquinas de procrear en un lapso donde dejamos de ser máquinas del sistema capitalista.

-“Muy gratuita será la leche pero ¿Que hay del tiempo -es-oro invertido en amamantar? ¿De la tiranía de la lactancia? se pregunta la autora y me surgen otras preguntas a mi:

¿Que hay de la sororidad? ¿Si el feminismo es inclusión en todas las vertientes de una mujer, lo será también de las mujeres-madre algún día? ¿Porque llama tiranos a los niños que toman teta y no a los que se alimentan con mamaderas, o llegados al extremo a los niños que lloran de hambre en el Africa subsajariana? ¿Porqué equivocamos el enemigo?

Este feminismo me exaspera y solo da pié al enemigo (el real  no las mujeres que decidimos ser madre, decidimos si, con 30 años cumplidos y después de vivir mi vida de mujer-sin-hijos- viajando por el mundo* en mi caso)

Yo no soy el enemigo por amamantar, lo es el sistema que, desde que soy madre me impide tener posibilidades reales de trabajar dejando a mis hijos bien cuidados, lo es el sistema cuando decidiendo que deseo quedarme en casa a criarlos me acusa de ser una profesional de mierda, lo es el sistema cuando decido dejar de criarlos y dejarlo al cuidado de alguien que les da mamaderas me acusa de mala madre.

No es la teta, no.

Y no es por ser conservadora, no es por ser “feminista esencialista” es por decisión propia y le puedo asegurar que no estoy criando tiranos entre pañales ecológicos. Pero esto me lo dejo para mas adelante.

No hay nada mas anticapitalista que dar la teta

El problema es fundamentalmente, un mundo donde lo vulnerable, pesa, es mochila. Molesta. En donde los niños y niñas no tienen cabida. Como los viejos y las viejas. Las personas con capacidades especiales. Y claramente a todas sus cuidadoras. Claramente en la mayoría de los casos mujeres.

El problema no es la crianza respetuosa, ni la teta, es el sistema bajo el manto patriarcal. El problema es el individualismo, feminista o no.

 

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Ilustración de Joan Turu

 

Para rematar, los hijos tiranos que veo en mi entorno, son precisamente (la mayoría)  hijos de madres -véase que no incluyo a los padres que eso da para otro post enterito- que no crían con respeto, ni dan teta, ni usan pañales de tela o ecológicos y están tan o mas cansadas que yo. Pero no quiero entrar en el aro que la autora finalmente cae por la contradicción de la crianza de los hijos como fallo o acierto privado de puertas adentro y no como construcción social.

*Claro que, ha dejado abierta esa herida y ahí mete el dedo sagazmente la autora al hacernos entender que nuestras ideas o deseos no son enteramente nuestros, que estamos predestinadas como mujeres a hacer, lo que creemos que queremos hacer. Trabalenguas aparte, hay que leer muchos libros y pocos blogs (mucho menos si son de como maternar)

Me ha gustado casi todo del libro es importante abrir la mente y leer cosas que nos dan microinfartos en nuestro corazón de madre, porque nos abre los ojos de mujer.

 

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