“Los chistes de argentinos…”

Hace diez años cuando llegue a España debo decir que estaba en el tren de cola de la inmigración, ya había una gran población sudamericana establecida post 2001 y algunos ya tenían hijos pequeños.

Si bien nunca he sentido la discriminación (Ya saben lo que dicen los nativos… los argentinos no deberíamos auto proclamarnos sudacas…)  Y si bien tengo mucho sentido del humor y me rio exageradamente de mi misma, hay “chistes” que según de quien vengan, no son tan chistes.

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Recuerdo cuando en una de las primeras bodas que nos invitaban, sentada junto a mi amigo A. me dice al ver mi inutilidad al pelar gambas vestida de fiesta:

-Jo que difícil debe ser para tí pelar gambas… ¿No? Porque allí claro, los escarabajos os los coméis con cascara y todo!

Mi carcajada fue tal, que no podía dejar de llorar y no podía limpiarme los ojos con mis dedos llenos de gambas, porque de eso se trata, de hacerte amigos pelados (en español básico: calvos) y muy cabrones para que te alegren la vida.

Sin embargo hay como decía frases o pseudochistes que no, sencillamente no cuelan.

En la piscina mi hijo L es muy amigo de una niña. La niña tiene una mirada intensa y dulce, es muy amigable y es de esas personas con las cuales te pasarías hablando toda la tarde. No me extraña que L quiera estar con ella todo el tiempo.

Su padre que desparrama autoprotección absolutamente innecesaria, le llama a mi hijo “El comercial”. Por aquello que los argentinos tenemos unas buenas relaciones sociales y sobre todo que de tanto hablar te vendemos lo que sea.

Y no… no me hace gracia. Porque su actitud hacia el “chiste” si bien no es despectiva deja entrever sus carentes habilidades sociales hacia las personas que se acercan a su hija y el desconocimiento absoluto de las relaciones infantiles.

Sé o imagino que este buen hombre, no lo hace con mala intención, pero hay “chistes” donde sentís ese tufillo a recochineo que no, no cuela.

Un día llegando a la casa de mi amiga E yo la esperaba detrás del portón del acceso y me grita:

-Madre mia, uno conoce a un argentino y a los dos días ya se quieren meter en tu casa!

Otra vez, una carcajada invadió mi garganta y me dispuso de un buen humor que pasamos toda una noche bajo la luna en el patio de su casa, hablando sobre como nuestra vida ha transcurrido a 14000 km de distancia y tenemos tantas cosas en común que es increíble.

Igual tengo mucho sentido del humor, igual la gente si dice entre chistes lo que realmente piensa, pero tengo un radar de pelotudos tan afinado donde gente sin hacerme chistes y sin embargo he podido percibir sus malolientes pensamientos que me he alejado de ellos sin mas. Hasta ahora con los que mas me he reído, son con los que mas lazos he creado.

Como antes decía a los argentinos no nos gusta sentirnos o mejor dicho, que nos hagan sentir extranjeros, el mundo es nuestra casa, somos amigos de cualquier persona que nos regale un sonrisa, hablamos por hablar de la biblia, de tauromaquia, de filología, de ciencias, de vida urbana, de sentimientos. Nos desnudamos al hablar, nos dejamos ver tal cual somos, quien mas quien menos claro esta. Somos gente que sabemos lo que es crecer atando todo con alambre, sabemos distinguir claramente un chiste de un “chiste”. No nos gusta ser extranjeros, porque hemos crecido sabiendo que lo éramos, en nuestra propia tierra, nietos, bisnietos de italianos, españoles, judíos, indios. Al volver a la madre patria, nos sentimos un poco mas sinceros. O hablo por mi, siento que alguna conexión que desconozco me hace retornar a la tierra de mis bisabuelos. Soy argentina hasta la medula, de pura cepa, tan argentina que he decidido vivir afuera.

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